¿Quién decide cuántos extintores, bocas de incendio o detectores tiene que llevar un edificio? La pregunta llega casi siempre a la empresa mantenedora, porque es la que entra en el edificio cada cierto tiempo. Pero la respuesta no está en el reglamento que la mantenedora aplica a diario, sino en otro, y conviene tener clara la frontera entre los dos.
Dos normas, dos preguntas
El Reglamento de instalaciones de protección contra incendios (RIPCI), aprobado por el RD 513/2017, regula cómo se instalan, se mantienen y se inspeccionan los equipos y sistemas. Lo que no hace es fijar qué dotación necesita cada edificio. Para eso, su artículo 19 remite al Código Técnico de la Edificación.
En los edificios no industriales, esa dotación la establece el Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio, el CTE DB-SI, que forma parte del Código Técnico aprobado por el RD 314/2006. Es la norma de diseño: la que dice qué instalaciones de protección contra incendios corresponden a un edificio según su uso y sus características.
La división del trabajo queda así. El CTE responde a la pregunta «qué tiene que haber». El RIPCI, a la pregunta «cómo se mantiene lo que hay». Las tablas del anexo II del RIPCI, con lo que puede revisar el titular y lo que queda reservado a la mantenedora, se explican en tabla I y tabla II del RIPCI.
El caso de la industria
Los establecimientos industriales tienen su propio reglamento. Desde el 10 de mayo de 2025 está en vigor el Reglamento de seguridad contra incendios en los establecimientos industriales (RSCIEI), aprobado por el RD 164/2025, que deroga el antiguo RD 2267/2004. Este reglamento fija además una inspección periódica de los establecimientos industriales al menos cada cinco años, que comprueba también la protección pasiva. Sus fechas y lo que supone para la mantenedora están en el artículo sobre el RD 164/2025 y la seguridad contra incendios en la industria.
Para quien mantiene naves, la consecuencia práctica es la misma que en un edificio de viviendas u oficinas: la dotación viene decidida por la norma de diseño y por el proyecto, no por la visita de mantenimiento.
Qué papel tiene la mantenedora
La mantenedora no decide la dotación, ni la amplía por su cuenta ni la reduce. Su trabajo, según el RIPCI, es mantener en plazo los equipos que existen, documentar cada operación y comunicar al titular lo que encuentre.
Eso no significa mirar hacia otro lado. Si el técnico detecta que un equipo ha desaparecido, que una zona nueva del local no tiene protección o que la instalación ya no se corresponde con el uso del edificio, lo que corresponde es dejarlo por escrito. El artículo 17.c del RIPCI obliga a la mantenedora a informar al titular de las deficiencias. La decisión de qué instalar, y con qué proyecto, es del titular y de su técnico competente.
Qué papel tiene la instaladora
La instaladora ejecuta lo que marca el proyecto. Su momento clave es la entrega: el día en que termina la obra, la dotación definida en el diseño se convierte en un inventario real de equipos con su ubicación y su fecha de puesta en servicio. Si ese inventario no se registra entonces, la mantenedora que venga después tendrá que reconstruirlo. El traspaso ordenado de la obra al mantenimiento se cuenta en de la instalación al contrato de mantenimiento.
Qué hacer, en tres puntos
- Ante la pregunta del cliente sobre cuántos equipos necesita, remitirle a la norma de diseño y a un técnico competente. La mantenedora puede orientar, pero no firmar una dotación.
- Ante un equipo que falta o una zona sin cubrir, registrarlo como deficiencia en el acta e informar al titular por escrito.
- Ante una reforma o un cambio de uso, pedir al titular la documentación actualizada antes de la siguiente revisión, para que el inventario refleje lo que realmente hay.
Un software de mantenimiento se mueve en el mismo terreno. PlanerFire lleva el inventario de lo instalado, programa las revisiones y documenta las deficiencias, pero no diseña ni calcula sistemas de protección contra incendios: eso sigue siendo trabajo del proyecto.
Una instaladora puede hacer que ese inventario nazca el día de la entrega; la página para instaladoras de sistemas PCI explica cómo se registra. El paso siguiente, convertir la obra en un contrato, está en la guía sobre la instalación y el contrato de mantenimiento que citamos más arriba.