La etiqueta habla antes que tú. Cuando llegas a una instalación, el cliente ya la ha mirado. Cuando se va el técnico, es lo único que queda en el extintor. Y cuando alguien quiere saber si ese aparato está al día, no abre una carpeta: se agacha y la lee.
Por eso merece más atención de la que suele recibir. Siete cosas que conviene tener claras.
1. Lleva cuatro datos, y ninguno es decorativo
La letra g del artículo 17 del RIPCI obliga a la mantenedora a colocar una etiqueta en cada extintor con:
- el número de identificación;
- el nombre y la dirección de la empresa mantenedora;
- la fecha en que se ha realizado la operación;
- la fecha de la próxima revisión.
Si falta uno, la etiqueta no cumple. Da igual lo bonita que sea.
2. El cliente la lee para saber cuándo le toca
Para el titular, la etiqueta es el calendario más cercano. Si la fecha de la próxima revisión ya ha pasado, se preocupa, y hace bien. Si le has mandado la guía de cada cuánto se revisan los extintores, además sabrá qué significa cada fecha.
Una etiqueta clara ahorra llamadas. Una confusa las provoca.
3. También la lee quien viene a comprobar
El organismo de control en su inspección, el técnico de la aseguradora, el auditor del cliente industrial. Cualquiera de ellos puede leer la etiqueta y pedir después el acta o el registro para comprobar que dicen lo mismo. La etiqueta es la parte visible de tu documentación; el resto está en tu oficina.
4. Tiene que cuadrar con el registro
La misma letra g que pide la etiqueta pide también llevar un registro de extintores. No son dos obligaciones sueltas: son dos soportes del mismo dato. Si el registro dice que la última operación fue en marzo y la etiqueta dice abril, uno de los dos está mal. Y averiguar cuál cuesta una búsqueda.
Por eso las columnas del registro de extintores deberían incluir exactamente lo que luego se imprime en la etiqueta: número de identificación, fecha de la operación y próxima revisión.
5. La escrita a mano envejece mal
Rotulador sobre una pegatina, en un garaje húmedo o junto a la cocina de un restaurante. Al año siguiente, la fecha se lee a medias. A los dos años no se lee. Y un número de identificación ilegible es un extintor que no se puede cruzar con nada.
Además, lo que se escribe a mano en la instalación hay que volver a escribirlo en la oficina. Dos veces el mismo dato, dos oportunidades de equivocarse.
6. La etiqueta cuenta la última operación, no la historia
La etiqueta dice qué se hizo por última vez y cuándo toca lo siguiente. No dice cuándo se fabricó el extintor, cuándo fue su último retimbrado ni si sustituye a otro. Esa historia vive en el registro y en las actas. Pedirle a la etiqueta que sea el archivo es pedirle demasiado a una pegatina.
7. Al heredar un cliente, la etiqueta de otro es tu punto de partida
Cuando un cliente llega desde otra mantenedora, a veces lo único fiable que traen los extintores es la etiqueta anterior. Apunta sus fechas antes de sustituirla. Las etiquetas heredadas dan para otro artículo, pero vale la pena saberlo desde el primer día.
Lo que la norma no dice
Esta lista no entra en formatos, tamaños ni colores de etiqueta, y no hace falta: lo que pide la norma son los datos. Lo que sí es mejor decidir en tu empresa es que la etiqueta salga siempre del mismo sitio que el acta, para que no dependa del pulso de nadie.
Es lo que hace PlanerFire con las etiquetas en PDF: salen del mismo registro del que sale el acta de revisión, con el número de identificación y las fechas ya puestas. Así la etiqueta y la oficina dicen lo mismo.
Todas las obligaciones que rodean a la etiqueta están ordenadas en el análisis del artículo 17 del RIPCI letra por letra.
El inventario del que salen etiquetas, actas y certificados está en la página de software para mantenedoras de extintores. Y si estás comparando programas, la etiqueta es uno de los puntos de lo mínimo que debe hacer un software de mantenimiento de extintores.